jueves, 14 de mayo de 2015

Otra función del circo llamado Chile.





Rabia. Impotencia. Eso es lo que siento. Ahora que veo el cruel asesinato de manos de un exaltado a dos estudiantes en Valparaíso que no hacían más que dar un rayón a las paredes externas de su casa. Esto ya me demuestra que la famosa y renombrada selva de cemento de la que tanto se habla casi de una forma cómica y metafórica es una realidad aquí y ahora. 

Pero, personalmente creo que no debemos solo atribuir a un hecho aislado una situación como esta, desde hace años ya venimos cargando con muertes de todo tipo. No podemos desconocer el peso que ha tenido el corrupto y sucio sistema en el que nos movemos, si, aquel sistema impuesto a sangre y fuego hace más de 40 años. Y aún más atrás, si por algo que se caracteriza este país es por los giros dramáticos de su devenir histórico a base de sangre y fuego (recordar por ejemplo la llegada de los españoles, la masacre contra el pueblo mapuche, etc.) Este sistema, en el cual sus marionetas gritan al unísono y con altoparlante la frase “SALVESE QUIEN PUEDA”, hemos aprendido a mirar con desconfianza y recelo a quienes nos rodean, todo gracias al terror que durante años nos infundan quienes detentan el poder, que, a veces sin que algunos se den cuenta, dictan las directrices de cómo relacionarnos en distintos niveles. El temor recalcitrante a perder lo ganado, a que nos quiten lo que nos pertenece, y a su vez el deseo de cagarse al otro por donde se pueda en una especie de “dispara usted o disparo yo” (que bien viene esta maldita frase ochentera en este momento). 

En fin, otra función en el circo llamado Chile ha terminado su acto, y esta vez el nombre del acto ha sido “Morir por un muro”, si, un muro rayado que al parecer para muchos vale más que la vida de dos personas, un muro que perfectamente podía ser pintado, sus manchas podían ocultarse, pero ahora, dicho lugar jamás podrá librarse de la mancha de sangre que ambos jóvenes dejaron luego de ser asesinados. 

Este país, una larga y angosta faja manchada de sangre en muchos sitios a lo largo de ella, no ha sido así de la noche a la mañana. Las frustraciones, la pobreza, el rencor por lo arrebatado, las deudas y la depresión causada por ello han sido el caldo de cultivo para la violencia y la ira desatada. Esa misma ira que nos hace desde mirarnos con odio en el metro a primera hora unos con otros, pasando también por faltas de respeto a nuestros amigos y familiares, hasta las reyertas en poblaciones o muertes absurdas como las que hoy ocurrieron, por motivos insignificantes. Si, señores, la violencia no nace porque sí, porque tengamos un “gen” de la violencia y el resentimiento. No podemos reducir simplemente a algo químico u orgánico lo que lleva a muchos comportarse así, es también un aprendizaje del sistema, que a partir de las más altas esferas hasta abajo está lleno de zancadillas y malos tratos, desde instituciones como el estado, las empresas o la iglesia (esta última aportando mucho en el sentimiento de culpa que puedan sentir las personas por sus frustraciones), hasta núcleos familiares, parejas, o compañeros. No quiero que suene a justificación, para nada, pero debemos abrir los ojos ante esta realidad insoslayable, despertar.

Lo que personalmente, me da mucha más rabia e impotencia, es ver como los personajes que tanto han salido a la palestra últimamente por representar lo más sucio y corrupto de nuestra sociedad, son los que más limpios han salido. Esto no se reduce a este gobierno ni al anterior, sino desde hace ya muchos años, donde la lógica de la ley de la selva se impuso con todo en esta larga y manchada faja de tierra. Todos ellos gozan de un puesto en el palco para ver este espectáculo que sus “súbditos” les brindan. Son carroñeros, huelen la podredumbre en la que han convertido este país y gozan de manera casi fetichista con el olor que el pueblo golpeado desprende. Se alimentan con la sangre, sudor y lágrimas de la gente que más sufre, prometiendo siempre un remedio para cada mal cuan médico brujo, pero el cual no pasa de una aspirina pasajera, pues claro, los simios del circo deben seguir peleando ya que el espectáculo debe continuar. Comparten, se ríen y se regocijan al saberse intocables, algunos haciendo alarde explícito de su poder y de su facilidad para evadir cualquier cosa que les manche directamente. Se pelean ante las cámaras cuan modelos faranduleras para que el pueblo crea una supuesta rivalidad, pero se reúnen los domingos a hacer asados, todos juntos, UDI, RN, DC, PS, PPD, PC, todos iguales unidos contra la gente de a pie.

Es así como al pueblo le dan pan y circo de las formas más insospechadas, es como ellos mismos han creado un propio circo para deleitarse cada día, sin que nosotros nos demos cuenta. Un circo violento, sufriente y humillante. Donde los asistentes solo tiran migajas a los actores del reparto a modo de pago, y ellos salen con los bolsillos aún más llenos. El disparo efectuado contra estos dos estudiantes, es solo uno de los ejemplos de un guion que se escribe por sí solo, un guion que colinda entre lo caótico y lo estructurado. Pero lo que la gente no sabe es que nosotros podríamos reescribir esta obra, convertirnos en guionistas de esta mala obra circense, convirtiéndola en una gloriosa epopeya de como un pueblo entero ha despertado ante el abuso de sus espectadores, dando vuelta el juego. Probablemente un guion soñador, calificado de historia fantástica, pero que, espero, más temprano que tarde podamos escribir entre todos. 

Atte. Camilo M.
Guionista aficionado.