Rabia. Impotencia. Eso es lo que siento. Ahora que veo el
cruel asesinato de manos de un exaltado a dos estudiantes en Valparaíso que no
hacían más que dar un rayón a las paredes externas de su casa. Esto ya me
demuestra que la famosa y renombrada selva de cemento de la que tanto se habla
casi de una forma cómica y metafórica es una realidad aquí y ahora.
Pero, personalmente creo que no debemos solo atribuir a un
hecho aislado una situación como esta, desde hace años ya venimos cargando con
muertes de todo tipo. No podemos desconocer el peso que ha tenido el corrupto y
sucio sistema en el que nos movemos, si, aquel sistema impuesto a sangre y
fuego hace más de 40 años. Y aún más atrás, si por algo que se caracteriza este
país es por los giros dramáticos de su devenir histórico a base de sangre y
fuego (recordar por ejemplo la llegada de los españoles, la masacre contra el
pueblo mapuche, etc.) Este sistema, en el cual sus marionetas gritan al unísono
y con altoparlante la frase “SALVESE QUIEN PUEDA”, hemos aprendido a mirar con
desconfianza y recelo a quienes nos rodean, todo gracias al terror que durante
años nos infundan quienes detentan el poder, que, a veces sin que algunos se
den cuenta, dictan las directrices de cómo relacionarnos en distintos niveles. El
temor recalcitrante a perder lo ganado, a que nos quiten lo que nos pertenece,
y a su vez el deseo de cagarse al otro por donde se pueda en una especie de “dispara
usted o disparo yo” (que bien viene esta maldita frase ochentera en este
momento).
En fin, otra función en el circo llamado Chile ha terminado
su acto, y esta vez el nombre del acto ha sido “Morir por un muro”, si, un muro
rayado que al parecer para muchos vale más que la vida de dos personas, un muro
que perfectamente podía ser pintado, sus manchas podían ocultarse, pero ahora,
dicho lugar jamás podrá librarse de la mancha de sangre que ambos jóvenes
dejaron luego de ser asesinados.
Este país, una larga y angosta faja manchada de sangre en
muchos sitios a lo largo de ella, no ha sido así de la noche a la mañana. Las
frustraciones, la pobreza, el rencor por lo arrebatado, las deudas y la
depresión causada por ello han sido el caldo de cultivo para la violencia y la
ira desatada. Esa misma ira que nos hace desde mirarnos con odio en el metro a
primera hora unos con otros, pasando también por faltas de respeto a nuestros
amigos y familiares, hasta las reyertas en poblaciones o muertes absurdas como
las que hoy ocurrieron, por motivos insignificantes. Si, señores, la violencia
no nace porque sí, porque tengamos un “gen” de la violencia y el resentimiento.
No podemos reducir simplemente a algo químico u orgánico lo que lleva a muchos
comportarse así, es también un aprendizaje del sistema, que a partir de las más
altas esferas hasta abajo está lleno de zancadillas y malos tratos, desde instituciones
como el estado, las empresas o la iglesia (esta última aportando mucho en el
sentimiento de culpa que puedan sentir las personas por sus frustraciones),
hasta núcleos familiares, parejas, o compañeros. No quiero que suene a justificación,
para nada, pero debemos abrir los ojos ante esta realidad insoslayable,
despertar.
Lo que personalmente, me da mucha más rabia e impotencia, es
ver como los personajes que tanto han salido a la palestra últimamente por
representar lo más sucio y corrupto de nuestra sociedad, son los que más
limpios han salido. Esto no se reduce a este gobierno ni al anterior, sino
desde hace ya muchos años, donde la lógica de la ley de la selva se impuso con
todo en esta larga y manchada faja de tierra. Todos ellos gozan de un puesto en
el palco para ver este espectáculo que sus “súbditos” les brindan. Son carroñeros,
huelen la podredumbre en la que han convertido este país y gozan de manera casi
fetichista con el olor que el pueblo golpeado desprende. Se alimentan con la
sangre, sudor y lágrimas de la gente que más sufre, prometiendo siempre un
remedio para cada mal cuan médico brujo, pero el cual no pasa de una aspirina
pasajera, pues claro, los simios del circo deben seguir peleando ya que el
espectáculo debe continuar. Comparten, se ríen y se regocijan al saberse
intocables, algunos haciendo alarde explícito de su poder y de su facilidad
para evadir cualquier cosa que les manche directamente. Se pelean ante las
cámaras cuan modelos faranduleras para que el pueblo crea una supuesta
rivalidad, pero se reúnen los domingos a hacer asados, todos juntos, UDI, RN,
DC, PS, PPD, PC, todos iguales unidos contra la gente de a pie.
Es así como al pueblo le dan pan y circo de las formas más
insospechadas, es como ellos mismos han creado un propio circo para deleitarse
cada día, sin que nosotros nos demos cuenta. Un circo violento, sufriente y
humillante. Donde los asistentes solo tiran migajas a los actores del reparto a
modo de pago, y ellos salen con los bolsillos aún más llenos. El disparo
efectuado contra estos dos estudiantes, es solo uno de los ejemplos de un guion
que se escribe por sí solo, un guion que colinda entre lo caótico y lo
estructurado. Pero lo que la gente no sabe es que nosotros podríamos reescribir
esta obra, convertirnos en guionistas de esta mala obra circense,
convirtiéndola en una gloriosa epopeya de como un pueblo entero ha despertado ante
el abuso de sus espectadores, dando vuelta el juego. Probablemente un guion
soñador, calificado de historia fantástica, pero que, espero, más temprano que
tarde podamos escribir entre todos.
Atte. Camilo M.
Guionista aficionado.
